Basura editorial

Yo no diría que vivimos con un exceso de información. Diría que lo hacemos rodeados de basura de toda clase y condición. Basura orgánica e inorgánica en forma de basura nutricional,  basura emocional, basura informativa, basura editorial, basura tecnológica, basura espacial, basura de datos y nanobasuras varias si me ponen en el aprieto de asomarme al infinito de lo invisible.

Pero me afrenta sobremanera la basura editorial. La facilidad con que se editan libros de escaso o nulo interés y, oh cielos, la disposición del personal a perder su tiempo inmersos en cierta clase de porquería vestida de libro que ha sido pensada exactamente para dar de comer al hambriento de esa suerte de desperdicio intelectual.

Cada cual es libre de consumir, por supuesto.  Mas lo siento. Me duele que tanta basura editorial invada y afee de tal manera el paisaje de las librerías que sea difícil, muy difícil, llegar hasta esa perlita que, de ser por fin descubierta, tanto placer , tanta experiencia ajena y tanto conocimiento nos podría proporcionar.

No es nada diferente a lo que ocurre en cualquier otra clase de consumo pretendidamente cultural. El hallazgo de una gran película, una pieza musical fuera de lo común o una pintura excepcional entre tanta morralla que se exhibe en ese inmenso expositor público que es el marketing y la publicidad es ciertamente algo anormal, infrecuente, extraño.

Sin embargo para mí, como lectora ávida, sí lo es. Cuando has caído en ese lamentable estado en el cuál te faltan referentes y no sabes qué leer, acudir a una librería física es como ir a una fuente en busca del agua que calme tú sed.  Y es entonces cuando la forma en la que se te ofrecen los libros en la mayoría de estos establecimientos te desestabiliza, te irrita y te lanza a escribir artículos como este.

Allí están el polvo y la paja juntos, en abarrotada comunión, esperando a que piques mientras las editoriales, los malos malosos de las editoriales, sonríen perversamente melifluos detrás de las cortinas de algún oscuro corredor. El cebo, bien lo saben ellos, está en el resumen de la contraportada y esa banda perpendicular donde  determinados críticos, pagados o no, loan los contenidos del ejemplar. Lo saben ellos y lo sabes tú y, sin embargo, ¿cuántas veces has vuelto a picar?

Vaya usted mejor informada, sea una consumidora consciente y responsable también en materia editorial, dirán aquellos de ustedes que no se duelan de mi mismo mal. Pero si están pensando así es porque no comprenden el disfrute que acompaña a dejarse caer en una librería, hurgar entre sus entrañas y decidirse a hacer una apuesta, incluso alocada, por una de los platos de su menú.

Luego llegar a casa, colocarse en la posición mas adecuada, por largamente entrenada, y meterle el diente a nuestra nueva adquisición. ¡Y qué alegría cuando se produce un hallazgo realizado por uno mismo sin otra orientación que su propio olfato! Afortunadamente siempre igual o mayor a la rabia que acompaña a un otro fiasco editorial.

Alegarán, con razón, que esa es una forma muy poco fiable de salir a pescar y, en consecuencia, es del todo lógico que no extraigamos con nuestro anzuelo más que una apestosa bolsa de plástico o la tradicional bota vieja y hambrienta. Y no podré rebatir tal afirmación salvo haciendo valer mi capacidad reclamar el derecho de los libros a no ser mancillados por tanto material de deshecho que no sirve ni a los fines del ocio ni a los de la intelectualidad. Y el derecho de los árboles a no ser mutilados para tan pobres empresas. Y, por fin, el derecho de los lectores tan adictos como espontáneos a no ser asaltados por tanta basura editorial.

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9 Respuestas a “Basura editorial

  1. Querida Carmen, ¿te has parado en pensar en que la subjetividad (o no tanto) con la que valoramos una obra, sea esta literaria (o editorial), musical, teatral, etc. todo tiene que ver con nuestro nivel cultural (y si no, ¡que le pregunten a Bourdieu!)? Observando el panorama general, es fácil concluir, ¿no? Los exigentes han de sufrir (léase: buscar con perseverancia y apoyándose en el criterio ajeno) para acertar ante estas dificultades, aunque yo me suelo dejar aconsejar por amigos y amigas como tú. Que sigas escribiendo tan sentida; lo haces muy bien y es un placer leerte.

  2. Querida Madelon¡¡ Con lo de Bourdieu me has dejado loca¡ No imaginaba yo apuntar a reflexiones de tal nivel. Pero lo que me llega al alma es eso de que escribo ‘sentida’. Gracias.

  3. Por eso me gusta que las editoriales publiquen en Internet el primer capítulo. Leyéndolo se puede discriminar bastante bien entre lo bueno y lo malo sin que nos sintamos estafados.
    Este año me han decepcionado unas cuantas novelas. Y eso que intento aplicar criterios de calidad contrastada antes de comprar un libro. Incluso así todavía sigo picando con las sinopsis. Hay veces que el que redacta la sinopsis debería escribir una nueva novela sobre la base de dicho argumento. Seguro que muchas veces serían mejores que las que están glosando.

    • Muy buena idea¡ Al que redacta una sinopsis que no se corresponda con la realidad, trabajos forzados hasta que consiga redactar el libro que nos vendió. Jaja. Y sí, poder leer el primer capítulo por internet proporciona cierta ayuda, pero no es fiable del todo y le quita emoción a la compra en la librería.

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