Disparando a la nube (1)

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Las altísimas tasas de paro que se registran en Canarias (34,2% de la población activa, es decir 295.824 desempleados en abril de 2013 según datos de la última Encuesta de Población Activa -EPA) conviven con las profundas dudas que suscita la asignación y adecuado control de los fondos públicos que se destinan al fomento del empleo y a la formación, tanto en el campo del desempleo como en el reciclaje de los trabajadores ocupados.

Sobre todo ello persiste una pesada sombra provocada no solo por la nube de desconfianza que generaron fraudes como el trístemente famoso caso Icfem, sino también por lo intrincado de los circuitos por los que circulan fondos de diversa procedencia y la sospecha de que tanto las organizaciones sindicales como las empresariales utilizan una parte de ellos para su propia financiacion, con el beneplácito de las administraciones central y autonómica.

Pero tratar de disparar a esta nube con los útiles del periodista para que descargue una lluvia de datos que ayude al objetivo de la transparencia, logrando así conocer la verdadera ruta del dinero público y su auténtica contribución al incremento de la formación y la rebaja de las cifras de desempleo, es un tarea titánica en la que ni los llamados agentes sociales (organizaciones empresariales y sindicales) ni las  administraciones muestran especial entusiasmo en colaborar.

Una cosa es segura. El maná de fondos destinados a la formación e incentivación del empleo que ha venido recibiendo el Archipiélago desde 1996, fecha en la que puso en marcha el Primer Plan Integral de Empleo de Canarias con una dotación anual de 20.000 millones de las antiguas pesetas -y que habrá alcanzado cifras escalofriantes al finalizar 2014 aún con los importantes recortes (32 millones de euros) que se han producido en el último plan (2011-2014)- es  solo una parte de los ríos de dinero que se manejan en torno a la formación de desempleados y ocupados y que pasa por las mesas donde sindicatos y organizaciones empresariales se entienden con los gobiernos de turno.

Pero, ¿están los desempleados canarios en mejores condiciones de acceder al empleo y los trabajadores mejor formados gracias a ellos? La evaluación no es fácil, pero tampoco nadie parece haberse ocupado de realizarla. Pero si la buena voluntad y la confianza en que las medidas surtirán efecto han guiado el proceder de las administraciones, las cifras de desempleo y el nicho dónde pelean buena parte de los parados canarios por volver a colocarse  -los empleos de baja cualificación- señalan los errores cometidos.

Lo cierto es que cuando la economía canaria genera empleo, lo hace en sectores donde la exigencia de cualificación es baja. Y así es como se espera que se comporte el empleo en la etapa de recuperación de la crisis habida cuenta de la apuesta de los poderes públicos, incluido el propio presidente del Gobierno, Paulino Rivero, por el turismo y la construcción. Una apuesta por otro lado muy realista cuando, a pesar de la voluntad del Régimen Económico y Fiscal (REF) de fomentar la economía productiva en Canarias, ningún otro sector económico ha despegado con fuerza suficiente para crear empleo de forma masiva en las Islas.

Según el informe del Consejo Económico y Social (CES) correspondientes al año 2005, en 2004 el 35,6% de las contrataciones se producían entre trabajadores no cualificados y, en su conjunto, el 76,7% de los nuevos contratos se concentraron en sectores que, como la construcción y los servicios, en general no requieren un alto grado de capacitación.

¿Quiere esto decir entonces que no es necesaria la formación de los trabajadores? De ninguna manera. Lo que sí indica es que existe una profunda contradicción entre los fondos destinados a la formación y la rentabilidad de los mismos en forma de empleo de mayor calidad y estabilidad laboral para los trabajadores. Hasta los más experimentados dirigentes políticos, como el parlamentario y ex consejero de Hacienda José Miguel González (Coalición Canaria-CC), tuvieron que  admitir en el momento en el que la afluencia de inmigrantes a las Islas era masiva que el drama del mantenimiento de las cifras de desempleo entre la población autóctona era que el parado local competía con el foráneo  en el mismo nicho de empleo, es decir, el de la nula o baja cualificación.

Después de tanto dinero dedicado a la formación y el fomento al empleo, esta reflexión abunda en la idea de la existencia de grietas por las que se escurre el ingente dinero destinado a tal fin y del que, al menos por aquel entonces, los únicos beneficiarios habían sido los parados y trabajadores canarios.

Nota: Este post forma parte de un reportaje en cinco tomas. Puedes acceder directamente al resto de las entradas relacionadas a través de los siguientes enlaces:

https://carmenmerino.wordpress.com/2013/05/23/un-agujero-negro-2/

https://carmenmerino.wordpress.com/2013/05/23/organismos-adaptativos3/

https://carmenmerino.wordpress.com/2013/05/23/cura-de-control-4/

https://carmenmerino.wordpress.com/2013/05/23/un-per-canario-y-5/

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