La pareja imperfecta (Un homenaje al fotógrafo de prensa)

fotojografo¿Seríamos capaces de imaginar un mundo sin imágenes? Imposible, al menos si tenemos la suerte de disfrutar del sentido de la vista. Y como también el lenguaje está hecho por y para los más numerosos, y poco adaptado a la realidad de los diferentes, la propia palabra imaginación (”Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales”, según la RAE) exige del concurso de imágenes, ya sean estas reales, ficticias o recreadas. Ilustración, Fotografía, Fotoilustración, Infografías, Gráficos, Tablas Estadísticas y otros elementos nos prestan este imprescindible servicio.

¿Imaginaríamos entonces una comunicación sin imágenes? Inimaginable. La imagen nos ha permitido comunicarnos antes de que soñáramos siquiera con la posibilidad de articular un lenguaje y nos sería imposible descodificar el mensaje hablado o escrito sin acudir al banco de banco de imágenes, iconos, símbolos y signos archivado en nuestro cerebro para comprender su significado.

¿Cabe pensar en la sociedad actual sin la concurrencia de los medios audiovisuales? Impensable también. Somos seres que circulan a toda velocidad a bordo de una cinta transportadora a través en un universo de imágenes y sonidos que alertan y hasta intoxican  nuestros sentidos.

¿Nos está permitido fantasear con una red informática mundial como Internet carente de imágenes, estáticas o en movimiento? Podrían llamarnos locos si intentáramos hacerlo.

¿Puede el periodismo escrito prescindir de las imágenes? No solo no puede sino que desde los mismos albores de la prensa, y a raíz de la invención del fotograbado, las imágenes han luchado por hacerse un hueco entre el mar de letras hasta tomar en finalmente posiciones ventajosas. Los periódicos, y con mayor énfasis las revistas, se escriben con letras y con imágenes. Y aunque en ocasiones una es preponderante sobre la otra, texto y fotografía son un matrimonio indisoluble que, en el universo informativo impreso, sufren graves carencias de sentido y significado por separado.

Una labor de equipo

Es evidente que en las páginas de un periódico caben la noticia sin fotografía y la fotografía sin noticia, es decir, la fotonoticia, que prácticamente prescinde del texto. Aún así, el diálogo entre ambos elementos es lo que caracteriza el medio escrito, ese soporte que tan acertadamente describe Lorenzo Vílchez (Teoría de la Imagen Periodística, 1987) como un cubo comecocos por el que la percepción del lector pasea sin rumbo predeterminado y a merced de las trampas que el diseñador le ha tendido.

Tan cierto como que una fotografía a veces es tan solo eso, la imagen congelada de un instante en el lugar y en el tiempo, y no constituye noticia, también lo es que una reseña escrita no es necesariamente noticia. En este caso, uno y otro elemento forman parte del cuerpo del periódico, pero ni al uno ni al otro se les puede llamar periodismo.

Es muy fácil explicarlo. No se puede hablar de fotoperiodismo cuando lo que se hace es retratar a toda velocidad, y sin  intencionalidad alguna, a los protagonistas de una rueda de prensa para a continuación volver a salir corriendo. Pero tampoco se puede hablar de periodismo cuando lo que hace el redactor es trasponer la  nota de prensa de  un gabinete de comunicación a la plantilla de una noticia o recoger, con el correspondiente entrecomillado e imprescindibles muletillas de enlace entre las frases, las declaraciones de alguien interesado en hacer propaganda de sus opiniones o  intereses. Sin embargo, tanto una cosa como la otra ocupan buena parte del quehacer en una Redacción.

Hacer periodismo es otra cosa y en la mayoría de las ocasiones requiere de la labor conjunta del redactor y del fotógrafo, una pareja siempre imperfecta que da los mejores resultados cuando trabaja en armonía en pos de un mismo objetivo. Pero no son pocas las veces en las que la noticia empieza a estructurarse a partir de una imagen. En otras ocasiones es la foto, y solo la foto, la verdadera protagonista de la historia. Y en las más numerosas no es posible completar el mensaje informativo sin la colaboración de las imágenes encargadas o aportadas por el propio fotógrafo.

Revalorización nominal

Siendo esto así, ¿por qué los autores intelectuales y materiales de las fotografías, los fotógrafos de prensa, han venido siendo históricamente profesionales menos considerados  y peor pagados que los redactores de las noticias?

A lo largo de la evolución del periodismo escrito, las imágenes han ganado más y más peso y, por tanto, la importancia de la labor del fotógrafo de prensa se ha revalorizado. O, para mayor precisión, se debía haber revalorizado ya que, en buena medida, esta revalorización de su papel ha consistido en poco más que un mero cambio de denominación. Ha alcanzado la categoría nominal de fotoperiodista en algunos ámbitos, pero no se ha producido un auténtico reconocimiento de su aportación profesional, extremo este que no tiene otra traducción posible en la práctica de la vida cotidiana que la implementación en las empresas de un esquema que dote a los fotógrafos una mayor estabilidad laboral y les incorpore al organigrama jerárquico dentro de la plantilla, lo que les permitirá, al igual que ocurre con los redactores, ir subiendo peldaños en el escalafón laboral y accediendo a posiciones mejor remuneradas.

Es posible especular con la idea de que el fotógrafo de prensa está peor pagado y considerado porque no es un titulado universitario, como los redactores, y ejerce un oficio propio de la rama de formación profesional, siempre reivindicada y siempre maltratada. Craso error. Es cierto que entre las nuevas hornadas de periodistas que pueblan las redacciones la tónica general es la titulación universitaria, aunque en ocasiones en ramas distintas a las Ciencias de la Información. Pero hasta hace aproximadamente dos décadas, el redactor con un título universitario era casi una rareza en una Redacción. Algunos de los más antiguos procedían de las viejas Escuelas de Periodismo, pocos y ya en período de extinción profesional por entonces, mientras que la masa crítica estaba constituida por personas que habían empezado la carrera universitaria, pero la habían abandonado por el camino para iniciarse en la práctica de la profesión, o por profesionales especializados en otros campos con vocación de comunicadores.

De hecho, y aunque hoy parezca poco ortodoxo, durante mucho tiempo algunos de los principales periódicos de Canarias han estado dirigidos por personas sin titulación universitaria, ni en Ciencias de la Información ni en ninguna otra rama del saber, y a día de hoy buena parte de los periodistas más prestigiosos y experimentados desarrollan su labor profesional sin necesidad de título alguno. Discutible tal vez en tiempos marcados por la titulitis, pero no tanto si se piensa en el origen de esta profesión -la película Primera Plana de Billy Wilder aporta un buen ejemplo del perfil de nuestros cercanos antepasados en ella- y en la manera en que se curten los mimbres que hacen un buen periodista, que no son otros que la práctica diaria de la profesión.

No hay que olvidar en este sentido que una cosa es el estudio de la Comunicación en términos científicos, una disciplina ya desarrollada y con suficiente base teórica, y otra cosa la práctica del Periodismo, algo que no tiene nada de científico y que, aunque requiere cierta preparación intelectual como la que se proporciona en las numerosas facultades de Ciencias de la Información, básicamente es un oficio que se aprende en convivencia y estrecha participación con el gremio, como el aprendiz con su maestro en el medievo.

Una disparidad sin justificar

No ha sido entonces la cuestión del nivel de estudios la que ha mantenido a los fotógrafos en una situación de inferioridad respecto a los redactores que tampoco tiene explicación en función de las aportaciones que realizan ambos al hecho informativo. Tampoco encuentra esta situación razón en el nivel de reciclaje profesional que han tenido que realizar unos y otros. Porque, si bien es cierto que los redactores pasaron de la Olivetti al teclado del ordenador y ahora han tenido que añadir a la función de recolectores y escribidores de noticias la de editores de sus páginas en soporte digital, la renovación profesional del fotógrafo ha sido tanto o más espectacular.

Desde que el cuarto oscuro -la guarida de aquellos seres singulares que eran entonces los fotógrafos para los no iniciados en los misterios del revelado- pasó a la historia, los fotógrafos se han convertido no solo  en expertos gestores de sus magníficas máquinas digitales, sino también en usuarios avanzados en las tecnologías informáticas que requiere la apropiada transmisión de su trabajo, en términos de calidad y velocidad, al cuerpo electrónico del periódico.

¿Qué motivo podemos aportar entonces para tan injusta situación en la relación periodismo gráfico/periodismo escrito en la práctica de los medios de comunicación, especialmente los locales? No existe ninguna que justifique cabalmente esta disparidad. Lo cierto es que aunque el fotógrafo sea un profesional especialmente necesario en la tarea diaria de informar, y mucho más imprescindible aún cuando se producen acontecimientos especiales, ya sean catastróficos, sociales o deportivos, no consigue que su papel tenga un reconocimiento parejo al de la otra pata, la que representa el autor del texto, y con la conjuntamente dan vida a la noticia en el contexto del periodismo escrito.

El poder de la imagen

La contradicción es aún mayor cuando, mientras en el ámbito interno del periódico el fotógrafo sigue luchando por su cabal reconocimiento, extramuros de la Redacción es un ser mucho más temido, es decir, poderoso, que el redactor. Es así por su condición de notario directo e imparcial de la realidad, capaz de hacer transparente con un solo y certero click aquello que se pretende ocultar o disimular. “No nos temerían si no pudiéramos cambiar el mundo”, es uno de los eslóganes más conocidos de las reivindicaciones de los fotoperiodistas.

Pero descendiendo a un nivel mucho menos trascendente, la magia que tiene la fotografía -y que algunos pueblos indígenas interpretan como una capacidad de robar el alma del individuo- se hace notar en el periodismo de todos los días de manera rotunda y, en ocasiones, hasta ridícula. Porque lo que más valora -y por tanto, teme-, el político, el empresario o el personaje de turno de su aparición en prensa, incluso cuando se trata de una entrevista de profundidad, es cómo ha salido en la fotografía. ¿Algo demasiado anormal, propio de mentes frívolas o enfermizas? No tanto si se piensa que gran parte de nuestras inseguridades suelen estar relacionadas con nuestra apariencia física y cuando, además, está constatado que es mucho más fácil mentir con las palabras que con los gestos.

Patada 2.0

La conversión de cada individuo con un smartphone en las manos en un fotógrafo capaz de publicar sus instantáneas no solo en blogs y redes sociales, sino también en los medios convencionales y sin exigir contraprestación por su trabajo, ha terminado por rematar la mala posición del fotógrafo en el ámbito de la prensa, donde había empezado a ganar posiciones en los años dorados que precedieron a la profunda crisis que afecta al sector hasta el punto de integrarse en las plantillas de los medios tradicionales.

Dicho de otra manera: cuando el fotógrafo empezaba a superar la precariedad que suponía cobrar solo por foto publicada -el freelance local, más por obligación que por vocación- y sin ningún otro derecho laboral asimilable al que gozan los redactores en plantilla, la revolución tecnológica, el universo 2.0 y el derrumbe de los medios de prensa tradicionales han vuelto a darle una patada hacia abajo que le obligan otra vez a la reinvención.

Lo cierto es que la baja consideración que durante muchos años han tenido los fotógrafos de prensa ha llevado a multitud de ellos, algunos excelentes profesionales, a huir a otras esferas mejor remuneradas y más seguras en términos laborales, como las oportunidades de trabajo que en los últimos años han venido surgiendo en los gabinetes de prensa, tanto en el ámbito institucional como el privado, al calor de un entendimiento más cabal de la importancia de la comunicación para el desarrollo de las  respectiva funciones.

El documentalismo, o es decir, las producciones fotográficas realizadas con mayor detenimiento que la inmediatez que requiere la práctica diaria del periodismo y destinadas a ser expuestas en salas culturales, galerías de arte o museos ha sido una salida también habitual para el fotógrafo de prensa con vocación de fotoperiodista, que en esta actividad ha encontrado no solo una manera de incrementar sus ingresos, sino también su prestigio y reconocimiento social.

La participación en los premios fotográficos que se convocan por las distintas instituciones, fundaciones y marcas comerciales ha sido  también sin lugar a dudas una de las salidas habituales para el fotógrafo de prensa con auténtica vocación periodística o artística. 

Esto no impide ni alivia que muchas fotógrafos de prensa, en especial los de la vieja escuela, hayan terminado sus carreras con dificultades para acceder a la jubilación en dignas condiciones económicas, lo que constituye una injusticia por reparar para el gremio periodístico.

 

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4 Respuestas a “La pareja imperfecta (Un homenaje al fotógrafo de prensa)

  1. Carmen, tengo que confesarte que cuando leí la pregunta con la que comienzas tu entrada, pensé que se trataba de otro artículo vacío sobre el fotoperiodismo, el mundo de la imagen y lo importante que es, y que luego, a la hora de la verdad, todo el mundo desdeña.
    Pero siendo justos, también debo decirte que me equivoqué completamente. No sólo me ha encantado por la profundidad del análisis que haces de la profesión, sino que además está magistralmente escrito y me ha resultado amena su lectura.
    Muchas veces yo también me he hecho las mismas preguntas: ¿por qué nunca hemos alcanzado los mismos niveles de estabilidad laboral y económica que un redactor? Creo que algunas veces por la ignorancia del empresario periodístico, otras por los costes que supone para una empresa mantener los costosos equipos fotográficos.
    Hoy en día, tras haber sobrevivido durante veinte años en la profesión sigo viendo con tristeza todo ésto.
    Gracias y un saludo
    Ramón

    • Gracias Ramón. Me alegra saber que mis artículos no son algo vacío y sin sentido. A estas alturas y en estas circunstancias, yo sólo escribo lo que me apetece y cuando me apetece. En todo caso tengo que decirte que este extenso artículo forma parte de un trabajo para la Universidad.

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