Un sensacional ejemplo de periodismo sensacionalista

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La película de Billy Wilder “Primer Plana”, de 1974, es una auténtica lección de periodismo desde lo mismísimos créditos, donde se pueden observar todo un carrusel de los adelantos técnicos (monotipia, teja, rotativa, técnicas de plegado…) que dieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX a las tiradas masivas y a la edad de oro de la prensa.

Se trata sin embargo de una lección de periodismo sensacionalista, donde lo que importa es la primicia y el morbo por encima de cualquier otra consideración, como la verdad o la moralidad. The Examiner, el periódico en el que se centra el filme, parece estar dedicado a contradecir el lema bajo el que dice regirse: La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Además del periodismo sensacionalista, la película refleja con mucha veracidad cuál era el perfil típico y tópico del periodista en la época en la que está ambientada, año 1929. Aunque en ese tiempo ya está más que inventada la máquina de escribir, y por tanto los periodistas se reúnen en torno a las redacciones, subsiste con fuerza el individualismo y el colectivo se comporta como una caterva apta para ser catalogada como gente de mal vivir: pillos, mentirosos, tramposos, bebedores, mujeriegos, crueles, morosos, competitivos hasta la violencia física… Un adecuado elenco para la clase de prensa que se practicaba en los periódicos sensacionalistas, los más numerosos del mercado.

“Caballeros de la prensa”, dice con desprecio una prostituta que entra en la escena para coronar significativamente con un escupitajo su afirmación ¿El motivo?: la creación y publicación de una historia amorosa entre ella y otro personaje de la historia, el reo condenado a muerte, completamente irreal. “Atajo de pobres diablos con los codos raídos y los pantalones llenos de agujeros que miran por la cerradura y despiertan a la gente por la noche para preguntarles qué opinan de fulanito o menganito, que roban a las madres fotos de hijas que han sido violadas en los parques para hacer las delicias de un millón de dependientas y amas de casa…”, dice también uno de los personajes protagonistas, el periodista que quiere dejar el oficio para incorporarse a la normalidad y que está interpretado con la genialidad a la que nos tiene acostumbrados por Jack Lemmon.

Un elenco de esta categoría es el que se da cita en la sala de prensa de la prisión donde se va a producir una ejecución por ahorcamiento de un reo condenador por el asesinato de policía negro. Y este es el ámbito donde los periodistas se pisan, se copian y fantasean con total descaro con los despachos que van transmitiendo a la redacción por teléfono, donde sus palabras son recogidas y transcritas por taquígrafos. En ese contexto, la máquina de escribir portátil es poco menos que una rareza y el periodista que la introduce en la sala de prensa, un elemento de la nueva generación, considerado un total lechugino fuera de lugar. “Apuesto a que has ido a la Escuela de Periodismo”, le dice uno de los veteranos para humillarle.

En “Primera Plana”, como en el periodismo sensacionalista real, lo que importan no son los hechos, sino los titulares. Para conseguirlos vale cualquier método, incluidos los ilegales, que en este caso pasan por ocultar al presidiario, que ha huido en una escena estrambótica. El autor intelectual del secuestro es el director del periódico, interpretado con idéntica genialidad por Walter Matthau, que será capaz de todas las balandronadas imaginables para hacerse con la primicia, la foto exclusiva y el gran titular. Tal elemento terminará sus días dando conferencias de ética periodística en la Universidad de Chicago.

Aunque en un contexto de comedia de situación, se percibe también un cierto trasfondo moral en torno a la pena de muerte. Porque aunque los periodistas se niegan al indulto -“No pueden hacernos eso”, dice un personaje pensando en la portada del día siguiente- también se produce un debate sobre la utilización política que hacen el sheriff y el alcalde de la ejecución de un supuesto rojo que ha matado a un policía a negro en un forcejeo precisamente en una etapa electoral. “Van a ahorcar a un hombre para ganar unas elecciones”, dice al respecto uno de los personajes.

En la cinta se hace alusión también a otras profesiones que estaban surgiendo en torno al fértil mundo de la comunicación en aquel momento de la historia, como la publicidad, si bien siempre con la intención de ridiculizar a los “gilipollas que hacen eslóganes para sujetadores” y a todos los desertores del periodismo hacia “el cine de Hollywood y la literatura en París”. Pero para que no quede títere sin cabeza tambien la Psiquitría se lleva un buen meneo en la figura de un doctor más loco que sus pacientes, quien que tras recibir un tiro perdido en la entrepierna, concluye que su paciente es homosexual y termina así su estelar aparición: “Maricas, que sois todos unos maricas”.

“Primera Plana” es ante todo una comedia, una gran comedia, y el periodismo su excusa. Pero excusa tratada en términos bastante realistas en lo que se refiere a los usos y costumbres del periodismo sensacionalista y al perfil del periodista puesto al servicio de esta clase de periodismo.

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Una respuesta a “Un sensacional ejemplo de periodismo sensacionalista

  1. Es verdad la prensa sensacionalista, amarilla o rojo sangre, solo vive del morbo, con el cuento que la realidad es asi, de un público consumidor de noticias amarillas especialmente en los vespertinos sensacionalistas del mundo….

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